reflejos de infancia




7 comentarios:

ericram dijo...

Los reflejos siempre son un buen recurso, un buen ojo siempre encuentra algo en ellos.
Solo hay que estar atento.
Un abrazote niña.

Virginia Spinar dijo...

Muy buena!!!, el titulo no podria irle otro mejor, te felicito por tu arte y te mando un monton de besos enormes guapa!!! muackkk

Franki dijo...

No se te escapa ningún detalle. Me gusta la relación imagen título.
UN BESOOOOOOOOOO

Brynhild dijo...

Hermosa!!! Me encantan los reflejos!!! Excelente el título :).

Lirium* dijo...

El agua, los reflejos, movimiento... se suma movimiento en las ondas anteriores...
La magia de lo que pocas veces nos detenemos a ver.
Un beso, muy lindas fotos.
Las bicicletas me hicieron recordar a mi infancia... en ese caso eran cuatro y la mía la más peque... éramos una familia bicicletera jajás!.. Y mi padre con 85 años sigue bicicleteando.
Cuánto puede una buena fotografía... despierta recuerdos que uno cree olvidados.
Un beso y buen finde!

Franki dijo...

AAGGGH !!!!!
Que tal Por Buenos Aires ???? tuve un momento de conexi'on. :)
Un beso

Loli dijo...

Hola, Claudia.

Acabo de ver un mensaje tuyo en un cuento que escribí y publiqué en mi blog: "The happy medium". La frase sobre la soledad le pertenece a un gran escritor argentino Juan José Saer. Está en su novela: "El entenado". En mi blog "La tempestad" publiqué el párrafo completo. Te lo dejo con un beso grande y mi agradecimiento.
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Toda vida es un pozo de soledad que va ahondándose con los años. Y yo, que vengo más que otros de la nada, a causa de mi orfandad, ya estaba advertido desde el principio contra esa apariencia de compañía que es una familia. Pero esa noche, mi soledad, ya grande, se volvió de golpe desmesurada, como si en ese pozo que se ahonda poco a poco, el fondo, brusco, hubiese cedido, dejándome caern en la negrura. Me acosté, desconsolado, en el suelo, y me puse a llorar. Ahora que estoy escribiendo, que el rasguido de mi pluma y los crujidos de mi silla son los únicos ruidos que suenan, nítidos, en la noche, que mi respiración inaudible y tranquila sostiene mi vida, que puedo ver mi mano, la mano ajada de un viejo, deslizándose de izquierda a derecha y dejando un reguero negro a la luz de la lámpara, me doy cuenta de que, recuerdo de un acontecimiento verdadero o imagen instantánea, sin pasado ni porvenir, forjada frescamente por un delirio apacible, esa criatura que llora en un mundo desconocido asiste, sin saberlo, a su propio nacimiento. No sé sabe nunca cuando se nace: el parto es una simple convención. Muchos mueren sin haber nacido; otros nacen apenas, otros mal, como abortados. Algunos, por nacimientos sucesivos, van pasando de vida en vida, y si la muerte no viniese a interrumpirlos, serían capaces de agotar el ramillete de mundos posibles a fuerza de nacer una y otra vez, como si poseyesen una reserva inagotable de inocencia y de abandono. Entenado y todo, yo nacía sin saberlo y como el niño que sale, ensangrentado y atónito, de esa noche oscura que es el vientre de su madre, no podía hacer otra cosa que echarme a llorar.


El entenado, Juan José Saer.



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http://thetempestad.blogspot.com/2008/04/nacimiento-y-soledad.html